El día de mi 29 cumpleaños, para celebrarlo invité a mis amigos a una cena en casa. Eramos 5 chicos y 4 chicas entre las que se encontraba por supuesto mi novia Maite.
A la hora de los postres y cafés recibí varios regalos pero el más singular fue el que me regalaron mis amigos Felipe y Luis: Los juegos eróticos reunidos. Cuando hube quitado el papel que los envolvía y apareció la caja, todo el mundo empezó con el cachondeo: silbidos, aplausos y olés. Todos empezaron a mirar su contenido y a sacar las piezas. En medio del regocijo general, decidimos probar algún juego y seleccionamos el de "La lengua" ya que en él se tenían que usar los antifaces y esto les hacia bastante gracia.
Mi novia, Maite y Esteban, un amigo bastante tímido dijeron que ellos solo mirarían. Nadie se opuso a ello. El resto quedamos en que si alguien quería dejar el juego era libre de hacerlo en el momento en que quisiera.
El juego consistía en que el participante que llevaba el antifaz debía adivinar que jugador era el que lo había acariciado con la lengua. Sólo se podía acariciar la parte del cuerpo que no tuviese ropa. Para conocer quien se ponía el antifaz era necesario tirar una pieza que daba vueltas sobre la mesa y según la posición en que se detenía podían ocurrir 2 cosas: Una, que tirase el siguiente jugador sin tener que hacer nada y otra, que el participante se tuviese que quitar una prenda de ropa y ponerse el antifaz de víctima de las caricias.
Las situaciones eran muy diversas y graciosas. Por ejemplo, algunas veces el que llevaba el antifaz era un chico y las caricias las tenía que hacer a otro chico, con lo que todo el mundo se descojonaba de risa. También había quien acariciaba la oreja de la persona que llevaba el antifaz con la lengua y no podía resistir las cosquillas que tenía. Al cabo de unas cuantas jugadas preguntamos de nuevo a Maite y a Esteban si querían apuntarse y esta vez dijeron que si. Los dejamos jugar sin que tuvieran que quitarse ninguna prenda de ropa para estar más acordes con el resto de los jugadores pues ya había alguno de mis amigos que tenia el pecho al descubierto.
Cuando se tenia que acariciar a alguien se podía escoger la parte del cuerpo que se quisiera, pero era habitual, aunque no era una norma escrita, hacerlo a la parte recién descubierta de prendas de vestir. Así fue como Maite se vio obligada a acariciar con su lengua a Bárbara que se había despojado de la ropa de cintura hacia arriba. A Maite la noté muy sonrojada. Estaba nerviosa y no sabía por donde empezar. Con una mano se recogió su largo pelo para que Barbara no lo notase sobre su cuerpo y empezó acariciando su cuello y luego fue descendiendo con la lengua hacia sus tersos pechos, se detuvo en uno y a continuación lamiendo pasó al otro, dejando que el tiempo que marcaba el reloj de arena finalizara con su lengua encima de uno de sus pezones.
Proseguimos jugando hasta que todos nos quedamos con calzoncillos los hombres y con bragas la mayoría de las chicas. Todos coincidieron en decir que se lo habían pasado muy bien. Luego nos fuimos a bailar a una discoteca.
Aquella noche, ya de vuelta en casa Maite me confesó se había sentido muy excitada cuando acarició con su lengua los pechos de Bárbara y que le gustó mucho hacerlo. También al cabo de unas pocas semanas nos enteramos que Esteban y Luis estaban saliendo juntos y nos dijeron que su rollo empezó la noche en que jugamos a los juegos eróticos.