Conocí la existencia de los juegos a través de la revista QUO y propuse a 2 amigos se los regaláramos a una amiga nuestra llamada Joana, que celebraba su cumpleaños al cabo de unos 15 días y organizaba una fiesta en su chalet, situado en una hermosa Cala, en el norte de Mallorca, donde vivía con su amiga alemana (en realidad novia ya que son lesbianas), llamada Petra.
En la fiesta éramos cerca de treinta personas y nuestro regalo atrajo mucho la atención de todo el mundo. Enseguida se escucharon voces para que jugásemos. Joana dijo que estaba de acuerdo, pero propuso hacerlo más tarde, y la cosa quedó así. Era una hermosa tarde de verano y después de picar un poco de aquí y de allá, la comida que había encima de las mesas, y de hablar con unos y otros, la fiesta fue animándose. Había buena música, y al cabo de poco muchos bailaban, o nos entreteníamos hablando y bebiendo un agradable cocktail de cava.
En un momento de la fiesta Joana vino a mi lado con el libro de instrucciones de los juegos y me pidió que eligiera uno de ellos, al que pudiéramos jugar todos, y que fuera divertido. Lo hablamos con Ignacio y Juan, que eran los otros partícipes del regalo, y con Maribel una amiga del grupo. Seleccionamos el juego del "striptease".
A grandes rasgos el juego consistía en hacer 2 grupos, y durante el tiempo que permitía el reloj de arena, uno a uno, los participantes de cada grupo debían ir hasta un lugar señalado en el fondo del pequeño jardín, que había al lado del salón y del porche donde se desarrollaba la fiesta, quitarse una prenda de vestir y regresar al lugar de salida. Después salía otro de los jugadores, se quitaba una prenda de ropa, y regresaba corriendo, y así sucesivamente. Al final del tiempo se contaban las prendas, y el grupo que había podido quitarse más prendas de ropa era el ganador. Por otro lado el grupo perdedor debía cumplir con un mandato elegido por los ganadores del juego.
Se apuntaron 18 personas entre chicas y chicos para jugar al juego. Al ser tantos se decidió hacer 4 grupos de 5 personas cada uno, y se pidió 2 jugadores más para completar las 20 personas necesarias. A la salida del primer grupo todo el mundo reía y gritaba entusiasmado. Era muy divertido ver como alguien salía, se quitaba la camisa y regresaba, luego salía disparado otro jugador y hacia lo mismo, al cabo de poco volvía a salir el primero de ellos y tropezaba mientras abandonaba sus pantalones, o ocurría alguna cosa parecida. Detrás aparecía una chica que se quitaba su vestido por abajo y regresaba con la ropa interior acompañada por los aplausos, gritos y silbidos del público. El juego proseguía así hasta el final del tiempo previsto, cuando los jugadores regresaban corriendo ya sin ninguna prenda de ropa y todo el mundo gritaba y aplaudía el rápido e improvisado striptease.
Después de contar las prendas de vestir que habían podido quitarse, los jugadores del primer grupo recogieron sus prendas del montón y volvieron a vestirse. A la salida del segundo grupo, cuando el jugador dejaba su prenda de vestir, se oían las voces en alto contando las prendas de ropa que se iban abandonando: una, dos,tres…ocho, nueve, etc. Todo el mundo seguía riendo y pasándoselo muy bien con el juego. La bebida entre el calor del juego y la emoción de todos, iba desapareciendo de los vasos.
El juego prosiguió igual de divertido con los 4 equipos distintos. El equipo ganador fue vituperado y muy aplaudido por todos. Se les mandó a elegir el mandato que debía realizar el equipo perdedor y para ello se fueron a hablarlo juntos. Entretanto la música volvió a sonar en los altavoces, y la fiesta siguió su ritmo normal.
Después de un rato, el equipo ganador expuso el mandato que debía cumplir el equipo perdedor (el que había depositado menos prendas de ropa durante el juego), entre cuyos participantes se encontraba Petra (la amiga de Joana), Isabel (mi novia), otra chica novia de un chico que participaba en otro grupo, mi amigo Juan y yo. El mandato era el siguiente: debíamos quitarnos toda la ropa y permanecer desnudos en la fiesta a lo largo de 1 hora.
Ante la expectación de todos nos quitamos la ropa en una habitación de la casa y volvimos desnudos los 5 del equipo perdedor. Al principio era un choque, ya que resultaba un poco embarazoso estar sin ropa bebiendo y hablando con la otra gente como si fuese normal, pero al cabo de poco, Juan y yo hasta nos atrevimos a bailar en medio de la pista junto a las demás personas, chicas y chicos que bailaban vestidos.
Fue entonces cuando Ignacio, el tercer amigo que había participado en el regalo de los juegos Schnipps, se quitó también la ropa que llevaba puesta, y se juntó a bailar con nosotros en la pista. Petra y mi novia Isabel, que permanecían desnudas, bebiendo y mirándonos desde un lado de la pista, también se atrevieron a bailar junto a nosotros. Todo el mundo nos miraba y sonreía divertidos de esta inusual escena en una fiesta. Luego fue Joana la que también se solidarizó con los "sin ropa" y se desprendió ahí mismo de su vestido, sus sostenes y su braguita, y se unió desnuda al baile. Luego ya no recuerdo quien siguió el ejemplo, pero uno lo hablaba con algún otro u otra, y también se reunían a bailar ya sin ninguna ropa en la pista de baile. Al cabo de poco rato había más gente sin ropa que vestida.
La fiesta seguía muy animada y la gente se lo estaba pasando muy bien. Era muy sensual, al menos para mi, ver tantas chicas sin ropa, moviendo sus caderas al son de la música mientras los chicos bailaban frente a ellas con su pene al aire, que se movía al mismo ritmo que el resto de su cuerpo. También me causaba una sensación extraña, pero al mismo tiempo agradable y excitante ver a mi novia desnuda, bebiendo de su bebida y hablando tranquilamente en un grupo, en el que había un chico y una chica sin ropa y una tercera chica permanecía vestida.
La fiesta tuvo un éxito increíble. Duró hasta la madrugada. Mucha gente se bañó en la piscina en la que se intuía que ocurrían escenas morbosas, y luego de secarse regresaban a la pista de baile. Joana y Petra dejaron que algunas personas utilizaran las habitaciones de la casa en las que hubo bastante movimiento.
Lo mejor de la fiesta fue la tolerancia y el respeto que hubo que entre todos, pues tal como dije habían lesbianas, gays y heterosexuales, y todos nos lo pasamos muy bien juntos. Creo que a raiz de aquella fiesta los fabricantes de juegos eróticos vendisteis más juegos entre los que allí estuvimos, pues todo el mundo reconoció, que el juego del "striptease" al que jugamos, fue el desencadenante del éxito de la fiesta. Mi novia y yo, al menos así lo hemos hecho a nuestro regreso a Barcelona, ya que queremos regalar los juegos a otro amigo para ver que ocurre.