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Juegos eróticos en pareja

Soy una mujer, tengo 31 años y estoy felizmente casada con mi marido Víctor. Casualmente una vez encontré la página web de los Juegos eróticos y me sentí muy excitada leyendo los relatos referentes a las experiencias con estos juegos, y tenía ganas de poder participar explicando una experiencia vivida por mí misma.

 

Víctor es un marido normal, tiene un año más que yo, llevamos 6 de casados y aunque sexualmente estoy satisfecha, hacía tiempo que estaba pensado en la idea de compartir el sexo con otra pareja. Desde hacía unos 8 meses teníamos conexión a internet en casa, y a escondidas de mi marido miraba páginas eróticas y participaba con un seudónimo en algunos chats, hablando con chicos y parejas, dejando volar mi imaginación y mi sexualidad un tanto reprimida hasta entonces.

 

Por las noches, antes de dormir me excitaba pensando que estuviese con Víctor en la cama con otra chica y otro chico, los 4 juntos haciendo cosas prohibidas. No me atrevía a hablarlo directamente con él, y no sabía que hacer para provocar una situación que llevase a algo así. Pensé que los juegos eróticos podían facilitarme esta posibilidad. Hacía ya 3 meses que había hecho el pedido de compra a escondidas de mi marido y los tenía guardados en mi armario, debajo de las cajas de los zapatos.

 

La oportunidad apareció cuando invitamos a Ana y Javier a pasar un fin de semana en una casa que mis padres nos dejaban en un pueblo de la Costa del Sol, a unos pocos kilómetros de Málaga donde vivimos. Mi marido y yo, anteriormente habíamos salido alguna noche a cenar con esta pareja, y pude comprobar que Ana a la que conocía desde hacía tiempo había cambiado bastante, pues antes me parecía una chica muy superficial, y ahora que la había conocido mejor, pude verla de otra manera. Por otro lado, los chicos, Víctor y Javier parecía que se entendían bien entre ellos. Físicamente los 4 somos bastante parecidos, nos gusta el deporte y nos mantenemos bastante bien.

 

Había camuflado los juegos eróticos en el fondo de la bolsa de viaje que llevaba, y en cuanto llegamos al chalet, los escondí en la habitación que mis hermanos menores tenían allí. Aquella primera noche, la del viernes, cenamos en casa y después fuimos a bailar a una pequeña discoteca del pueblo. Al regresar al chalet quise buscar alguna excusa para quedarnos los 4 en el salón, pero no me atreví a decir nada, ya que era tarde y nuestros invitados parecían cansados, y nos fuimos todos a dormir.

 

Al día siguiente por la mañana estuvimos en la playa e incluso comimos allí. De regreso a la casa, hacía las 5 de la tarde, después de la correspondiente ducha para sacarnos la arena de encima, y al ver que todos nos encontrábamos sentados en los sofás, me atreví a sugerir que jugáramos a alguna cosa. Tal como suponía alguien preguntó a qué, y yo dije que iba haber que juegos habían en la habitación de mis hermanos. Cuando regresé al salón traía la caja de los juegos eróticos. Victor se quedó un poco sorprendido y Ana lo encontró divertido jugar a un juego de este tipo. Nos decidimos por "El chis-chís", una variante del juego del parchís.

 

El juego nos puso calientes a todos, al menos eso me ocurrió a mí, e intuí que los otros también lo estaban, aunque en definitiva no ocurrió nada especialmente "fuerte": nos tuvimos que quitar algunas prendas de vestir, los chicos se quedaron completamente desnudos delante de nosotras, yo sólo con las braguitas, Ana con la ropa interior, nos tuvimos que besar unos a otros (besos muy normales), etc… Al final del juego Ana y yo, las ganadoras, tuvimos que elegir un mandato que tuvieron que cumplir los perdedores, Javier y Víctor. Después de hablarlo entre nosotras les pedimos que hicieran un striptease acompañados con música. Por cierto lo hicieron francamente bien y nos reímos mucho.

 

Esta fue la primera experiencia que tuve con los juegos eróticos, pero teniendo en cuenta que aquella noche volvimos a jugar, y éramos los mismos participantes, se me permitirá que siga el relato con esta segunda parte, que resultó mucho más "hard".

 

Aquella noche, la del sábado, otra vez salimos a cenar fuera y a bailar a la misma discoteca que la noche anterior. Víctor y yo hablamos sobre la partida del "chis-chis" con los juegos eróticos. Me dijo que se lo había pasado muy bien y que todavía estaba sorprendido de que yo me atreviese a jugar con mi amiga Ana y con Javier. Le dije que me excité con el juego y el hecho de que me atreviera a confesárselo le gustó, y según añadió, le daba mucho morbo saberlo, y el sólo hecho de hablar de ello lo excitaba. El también me confesó que se lo había pasado muy bien y que Ana "no estaba mal".

 

Más tarde hablé con Ana sobre el juego de la tarde. Me dijo que se había divertido mucho y quedamos que cuando regresáramos a casa propondríamos a los chicos jugar a algún otro juego de los eróticos. Y así fue como cerca de las 2 de la noche regresamos todos al chalet.

Los chicos no pusieron ningún reparo en volver a jugar. No sabíamos que juego elegir, mirábamos las instrucciones de los juegos y no nos decidíamos, o nos atrevíamos a proponer ninguno, así que quedamos que jugaríamos al mismo número del juego en el que se detuviera la bola tirando la ruleta. La bola se paró en el número 32, y jugamos pues al juego número 32, o sea al juego llamado "Contacto con tacto".

 

En este juego se deben de hacer una serie de "contactos" que marcan los diferentes dibujos que aparecen dibujados en un tablero. Gana el jugador que antes consigue hacer los 10 "contactos" distintos. La malicia del juego está en que mientras se desarrolla el juego se van perdiendo prendas de vestir y los contactos deben repetirse si los dados lo mandan , hasta haber hecho los 10 distintos "contactos" que en el juego se piden.

 

Al principio todos cumplimos fácilmente los "contactos" que nos tocaban hacer y los íbamos marcando en un papel para saber cuales nos quedaban por hacer. Pero poco a poco el juego fue subiendo de tono, ya que a medida que jugábamos íbamos perdiendo prendas de vestir. Así por ejemplo, al principio fue fácil para Víctor y Ana cumplir el contacto que tuvieron que hacer de una "caricia en el sexo", teniendo en cuenta que los 2 tenían los pantalones puestos. Pero resultó mucho más embarazoso para mi marido el tener que hacerlo otra vez con Ana, cuando él ya no tenía ninguna prenda de ropa que lo protegiera, y ella se encontraba vestida sólo con sus braguitas. Ana que empezó, no pudo evitar tener el poder de dejar el miembro de mi marido completamente tieso mientras lo tocó y acarició con una mano, y mi marido no fue tampoco inocente al acariciar el sexo de ella por encima de su fina ropa interior, y entretanto a mí se me subían todos los colores a la cara.

 

Las jugadas a estas alturas del juego eran todas de este estilo. Fue cómico ver a Víctor y a Javier cumplir entre ellos el "beso en la boca" y mucho más cuando a Víctor le tocó hacer el "roce de sexos", en este caso contra el pene de Javier que se encontraba dentro de su slip.

En un momento del juego todos estábamos ya sin prendas de ropa y Víctor iba ganando en el juego, aunque no le salía nunca el contacto del "beso en el ombligo", sin el cual no podía proclamarse ganador. Entretanto Ana y yo tuvimos que hacer entre nosotras el "roce de pechos" y el "beso en la boca", que me excitó muchísimo, ya que fue una sensación muy agradable el contacto con sus suaves labios y entremezclar nuestras lenguas. Yo en aquellos momentos ya estaba muy húmeda.

 

En otra jugada, Ana y mi marido Víctor alentaron mucho a Javier en el "roce de sexos" que tuvo que hacer conmigo. Su pene estuvo en contacto con mis labios vaginales, en aquellos momentos un poco entreabiertos, al menos unos 20 segundos. Yo no podía ya más de excitación y deseo, aunque lo disimulé tanto como pude.

 

Otro momento culminante para mí en aquella noche, fue el "roce de sexos" que tuvimos que hacer Ana y yo. Las 2, al igual que todos, tal como dije, estábamos desnudas. Javier y Víctor invalidaron el primer "roce de sexos" que hicimos ya que dijeron que no había habido contacto suficiente y nos hicieron repetir. En esta segunda ocasión, desde luego noté el sexo húmedo y suave de Ana contra el mío, que encontré muy excitante. Parecía como un beso tierno de nuestros sexos y notaba un calor sorprendente dentro de mi más profundo interior. Me recorrieron unos sofocos irresistibles por todo el cuerpo que me duraron bastante rato, y que me parecía que eran evidentes para todos.

 

A Víctor seguía sin salirle el "beso en el ombligo" que era el contacto que le faltaba para que se terminara el juego, y así cada vez los contactos eran más atrevidos. Al tener que repetir otros "contactos" ya hechos con la misma persona, cada vez poníamos más situación de morbo, lo que subía el nivel de excitación de todos.

 

Yo tuve que hacer el contacto de "caricia en el sexo" con Javier y tuve en mis manos su erecto miembro, que era una sensación nueva para mí, ya que a parte de un chico con el que salí en mi adolescencia, de lo cual apenas me acordaba, no había tocado otro, que el de mi propio marido. Era una sensación muy excitante notar en mis manos un pene distinto al que estaba acostumbrada. Javier entretanto me acarició mi ya muy mojado sexo con sus dedos, notando mi inevitable excitación, y Víctor y Ana nos miraban con una expresión de deleite en sus caras.

 

Ana y su marido Javier tuvieron que hacer el "roce de sexos" entre ellos. Javier pidió a Ana, que estaba sentada a mi lado, que acercara su cuerpo al borde del sofá, abriéndole un poco las piernas, y él se puso de rodillas frente a ella, con lo cual le dejaba su vulva un poco abierta Javier decía que tenían que hacerlo bien, pues sino, nosotros les haríamos repetir. Entonces Javier restregaba la punta de su pene, que se encontraba completamente erecto entre los labios salientes del sexo de Ana y ponía la punta de su pene en la entrada de su vagina. En un principio sólo la punta pero en un momento dado, creo que por la misma excitación, la penetró hasta el fondo ante nuestra atenta mirada, oyendo un jadeo de gozo de Ana, que se dejó hacer, durante los momentos que duró. Al cabo de estos super calientes segundos Javier retiró poco a poco su miembro del interior de ella y dando un beso cordial a su esposa volvió a su asiento.

 

Todos nos sentíamos muy acalorados pero pese a ello seguimos con el juego, aunque ya todos nos sentíamos más atrevidos. Yo dije que si el nivel seguía así, dejaría el juego sin terminar y me "follaba" a mi marido delante de todos, que era lo que en realidad estaba ya deseando hacer.

 

En una jugada posterior a Ana y a mí nos tocó la "caricia de sexos" y al tiempo que ella con su mano derecha me acariciaba mi mojado sexo, yo puse mi mano izquierda en contacto con sus salientes y también muy húmedos labios vaginales. Era la primera vez que hacía algo así con una chica. Nunca hasta entonces había sabido que me gustaría tanto esta suave sensación. Ella supo encontrar rápidamente mi clítoris y yo con los dedos de mi mano izquierda me sentía bastante más inexperta. Vi a Javier que se levantó de su butaca y se puso de rodillas frente a Ana, y noté como su pene rozaba mis dedos, y se introducía en ella. Yo seguía acariciando el sexo de Ana sin saber donde mirar. Víctor seguía sentado en su butaca contemplando la escena de Javier follando a su mujer. Yo permanecía con mi mano todavía en el sexo de Ana, tenía las piernas completamente abiertas y un dedo de ella estaba dentro de mi sexo. Estaba a punto de correrme. Al cabo de un rato Víctor se levantó. Se puso en la misma postura que Javier, o sea de rodillas frente a mí, y me penetró. Me corrí casi al instante sin que él se enterara siquiera.

 

Javier y Víctor siguieron follándonos durante unos largos y muy agradables minutos. Ana y yo, caídas un poco de lado, nos besábamos en la boca y seguíamos ahora con las 2 manos acariciándonos mutuamente, pasando por todas las partes del cuerpo a que teníamos acceso. También las manos de Javier me acariciaban y las de mi marido lo hacían con los pechos de Ana. Me corrí otra vez al tiempo que Víctor también lo hacía. Poco después, con los jadeos que hizo, pude suponer que Javier también se corría dentro de Ana, y los 4 nos quedamos un largo rato en la misma posición en la que estábamos, descansando nuestra grata relajación.

 

Bueno, no me extiendo más y acabo aquí el relato que tenía ganas de contar. Espero que os haya gustado.